Llegó la hora de navegar

El mes de julio ha comenzado con el primer curso de vela ligera organizado por la Estación Náutica Benicarló Peñíscola, dirigido a niños de entre 6 y 14 años. Los grupos integrados por aproximadamente 6 aprendices de navegantes por bote pretenden acercar a los más pequeños la pasión por el mar durante una semana. El puerto deportivo de Benicarló es el escenario de esta  gran aventura que una vez iniciada quisieran muchos de ellos que nunca terminara.

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Los alumnos aprenden a izar las velas

Para algunos de estos niños, el curso es una forma más de conocer mejor un deporte apasionante del cual ya tenían algún que otro conocimiento, por sus experiencias en cursos anteriores o simplemente por la relación de su familia con el mar. Sin embargo, para otros el lunes se convierte en el punto de partida de una intensa relación con el Mediterráneo, que hasta el momento se había reducido a la playa.

Las mañanas empiezan con un cuarto de hora de nociones teóricas donde, a modo de juego y valiéndose de maquetas, se les instruye en todo aquello que posteriormente podrán practicar  en el mar. Se trata de que puedan aprender a navegar y ello conlleva también que adquieran nociones básicas de seguridad en el mar para evitar cualquier tipo de incidente y riesgo, por esta razón “se les indica el significado y uso que se les da a las boyas, sus colores y el porqué de su ubicación en las playas, unos conceptos que luego entienden cuando se suben a la embarcación”, explica el profesor de vela, Axel Kersting.

Por otro lado, aprenden a reconocer el viento, su velocidad y los rumbos, aspectos que hasta el momento les pasaban desapercibidos y que tienen un papel crucial en la navegación. Pero sin duda armar los botes es una de las cosas que más atrae su atención, qué material van a utilizar, los cuidados que requiere ese material, como debe procederse al montaje y al desmontaje de la vela, la limpieza… No obstante, más allá de los conceptos relacionados con el deporte en sí, la formación en navegación es una materia multidisciplinar que también realza el respeto por uno mismo y por el medio ambiente.

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Para consolidar los conocimientos adquiridos cada día salen durante 2’30h a navegar

“Intentamos que sean grupos homogéneos, de manera que sus integrantes tengan más o menos las mismas edades, ya que la mayoría de las veces no se conocen entre sí, aunque en ocasiones vienen al curso dos hermanos. El caso es que les obligamos a trabajar en equipo y ello implica organizarse y distribuir tareas”, apunta Kersting.

Las prácticas de vela ligera se completan con actividades de apoyo como el piragüismo que siempre triunfan entre los más pequeños. Todo ello tiene siempre una doble finalidad, que aprendan a amar el mar y pierdan el miedo a la profundidad. Según el monitor, “normalmente no están acostumbrados a navegar, sólo van a la playa y se quedan en la zona donde tocan con los pies, de manera que cuando llegan aquí, una de las cosas que más temes es que pueda volcar el barco”, es por esta razón que “muchas veces les hago bañarse como premio a una buena práctica o una buena actitud que hayan tenido durante la clase y es así como empiezan a vencer esos miedos sin apenas darse cuenta”, explica.

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